Hamnet

Hamnet

Hamnet es una película intensa, poética y profundamente humana que marca el regreso de Chloé Zhao a la dirección tras su aclamado trabajo en Nomadland. Basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, coautora del guion junto a Zhao, esta obra fusiona historia, emoción y tragedia para ofrecer una experiencia cinematográfica conmovedora y rica en matices que trasciende el simple relato histórico. Estrenada con elogios de crítica en el 52º Festival de Cine de Telluride (2025) y galardonada con el People’s Choice Award del Festival de Toronto, Hamnet ha sido uno de los títulos más resonantes de la temporada cinematográfica y se perfila como un fuerte candidato a premios internacionales.

La película se sitúa en Inglaterra del siglo XVI y sigue la vida de William Shakespeare (interpretado por Paul Mescal) y su esposa Agnes (una excepcional Jessie Buckley). Lejos de centrarse en la leyenda del dramaturgo como figura artística, Hamnet reconstruye con sensibilidad el corazón de una familia y su lucha por procesar una tragedia que marcará sus vidas para siempre: la pérdida de su hijo de 11 años, Hamnet. La historia explora no solo el duelo individual, sino también el impacto profundo que este suceso tiene sobre la unión familiar y la búsqueda de sentido en medio del dolor.

Jessie Buckley ofrece una actuación extraordinaria como Agnes, dotando a su personaje de una mezcla de fuerza, vulnerabilidad y dignidad emocional que ha sido destacada por la crítica como uno de los pilares más sólidos del film. Por su parte, Paul Mescal encarna a Shakespeare con una sensibilidad que combina la vulnerabilidad emocional con la complejidad de un hombre dividido entre su vida familiar y sus aspiraciones artísticas. El reparto se completa con intérpretes como Emily Watson, Joe Alwyn, Jacobi Jupe y Noah Jupe, quienes aportan capas adicionales de humanidad y textura a un relato ya de por sí profundamente emotivo.

Visualmente, Hamnet despliega una cinematografía rica y evocadora, obra de Łukasz Żal, que sumerge al espectador en los paisajes brumosos y vibrantes de la Inglaterra del siglo XVI, así como en los espacios íntimos de una casa familiar donde el amor y el dolor conviven en cada rincón. La música, a cargo de Max Richter, acompaña de manera delicada y emotiva el viaje interior de los personajes, aportando una textura sonora que refuerza la hondura emocional de la narrativa.

Zhao, ganadora del Oscar por Nomadland, adopta en Hamnet un enfoque narrativo que privilegia la introspección, el ritmo meditativo y la conexión visceral con los personajes por encima de cualquier espectacularidad visual excesiva. La película se adentra en temas como la pérdida, el amor, la maternidad, la memoria y el legado emocional, invitando al público a encontrarse con la tragedia desde una perspectiva íntima y reflexiva.

El film ha recibido una acogida muy positiva tanto en festivales como entre audiencias y crítica especializada. Más allá de sus premios —incluido el reconocimiento en Toronto y proyecciones destacadas en Telluride y otros certámenes internacionales— Hamnet ha sido colocado entre los mejores filmes del año por diversas publicaciones y ha generado un intenso debate sobre su particular manera de reinterpretar la historia detrás de la leyenda shakesperiana.

Narrativamente, Hamnet se distingue por su enfoque en la vida cotidiana, los gestos amorosos y los silencios compartidos, haciendo que cada escena, incluso las más simples, resuene con un significado profundo. Lejos de convertirse en un biopic tradicional, la película se inserta en el terreno de la tragedia íntima, donde la universalidad del dolor humano se transforma en puente hacia la reflexión. Su duración de aproximadamente 125 minutos permite a la historia desplegarse con calma, sin prisa, invitando a mirar no solo el contexto histórico sino los afectos que sostienen a cada personaje.

Hamnet es un cine de emociones profundas, que combina historia, filosofía y psicología con una elegancia narrativa poco común. Para el espectador contemporáneo, ofrece no solo un retrato del pasado —y de la figura de Shakespeare desde ángulos poco explorados—, sino también una reflexión significativa sobre la manera en que el amor, el arte y la pérdida se entrelazan en la experiencia humana. En la sala, su visión íntima persiste mucho tiempo después de que se apaguen las luces, invitando a volver sobre sus imágenes y resonancias.